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Los desmadres saben mejor, y ya no
solo el de la fiesta de ayer, la cual todavía ves borrosa, sino el del amor, la
felicidad o la amistad. Todo sabe intensamente. La cerveza, el chocolate, los
abrazos, los te quiero, las lloreras, las discusiones.
Vivimos esperando el momento adecuado
sin percatarnos que no hay otro momento que ahora. Vivimos inmersos en la
paradoja de que cuando somos pequeños queremos ser mayores, pero una vez
adultos lloramos por esa piel tersa que se fue y nunca volvió.
Nuestro único límite es el tiempo.
No lo olvides.
Con veintiuno,
Claudia Frey
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